lunes, 11 de junio de 2018

Y NOS FUIMOS A LA PISCINA VENECIANA EN CORAL GABLES, FLORIDA


Al sur de la Florida, en Estados Unidos, está Coral Gables. Es un barrio de belleza sin igual, cuyas construcciones arquitectónicas variadas, jardines impecables y calles limpias y perfectas le dan un aspecto hermoso, parecido al de un cuento. Allí se encuentra la Piscina Veneciana, a la que se puede llegar fácilmente utilizando el transporte urbano de la ciudad de Miami y que desde 1924 recibe la visita de turistas extranjeros y locales. El balneario está inspirado en la laguna de Venecia en Italia. En él se combinan elementos arquitectónicos como el icónico puente con la vegetación predominantemente de palmeras, el agua fresca de manantial, cascadas,  grutas y hasta un área con arena para disfrutar del sol y relajarse.

Su creador, George Merrick, la ideó como un lugar de reunión para los vecinos de Coral Gables como casino. Recibió la visita de grandes personalidades del espectáculo como Esther Williams la “Sirena de Hollywood” del cine de los 50 y Johnny Weissmüller, estrella olímpica de la natación, quien interpretó al famoso “Tarzán”, que tanto emocionaba en las películas de aventuras en la selva durante los años 40 y 50, y con la serie de televisión en los 50. En 1989 se convirtió en la piscina pública más grande de agua dulce en los Estados Unidos. Es la única piscina que forma parte del Registro Nacional de Lugares Históricos del país.

Lo mejor de todo es que diariamente vacían y llenan la piscina con agua del subsuelo, utilizan una cantidad de cloro mínima y para mantenerla limpia está restringida la entrada a niños menores de tres años. Este balneario se cierra durante los meses de invierno para su mantenimiento.

Durante nuestro viaje a Miami en 2015, Paty y yo nos aventuramos a ir a este increíble lugar. Desde temprano, nos alistamos para llevar lo necesario para pasear y disfrutar, y así fue. El día estaba soleado, justo para desear refrescarnos en las aguas limpias y cristalinas de la piscina. Tomamos el Miami Tour “Hop On–Hop Off” que recorre Coral Gables e incluye una parada en la piscina, así que también teníamos asegurado el regreso al centro.

Cuando llegamos, se respiraba un ambiente fresco. Los colores del cielo, la vegetación, la piscina y las instalaciones son ideales para el esparcimiento y el ocio. Después de pasar por el vestidor nos metimos en la piscina. Nadamos por un par de horas explorando el lugar y entramos a las grutas, pasando por la caída de una de las cascadas. La experiencia es mágica; niños, jóvenes, parejas dándose algún beso rápido para seguir nadando y disfrutar. Risas, alegría y diversión eran el común denominador.

Luego de refrescarnos, comimos algo y nos sentamos en el muro bajo de la zona de la arena. Es un sitio recomendado para visitar y disfrutar cien por ciento. Lo único no muy práctico es que no hay suficientes bancas o sillas para sentarse; tuvimos que vigilar y esperar a que se desocupara algún lugar para ir corriendo y ocuparlo.

Para tomar la foto del recuerdo, me salí del agua y saqué el celular de la mochila. Le pedí el favor a una señora que también estaba afuera del agua, sentada sobre el muro cerca de nuestras cosas. Le pregunté si sabía tomar fotos, le di mi celular y me volví a meter al agua. Me fui junto a Paty y recé para mis adentros por que la mujer no se fuera corriendo con mi teléfono. Por suerte elegí una buena persona...

Nuestra visita a la piscina veneciana fue increíble y memorable. Descansamos, reímos y conocimos un lugar maravilloso.

Nosotras fuimos a la Piscina Veneciana. Y ustedes, ¿cuándo? 
  



 
 

domingo, 20 de mayo de 2018

Y NOS FUIMOS AL CARIBE EN UN CRUCERO

En julio de 2014 Araceli y yo decidimos tomar un crucero por el Caribe. Encontramos una oferta excelente de la línea Carnival que salía de San Juan, Puerto Rico. La cabina con balcón por siete noches y con destino a cinco puertos estaba a un precio tan cómodo, que no nos resultó nada difícil animarnos a la aventura.

 Se trataba del “Valor”; un barco grande con capacidad para más de 4000 personas, cuyo ambiente estaba orientado hacia la diversión y la fiesta. A toda hora se oía música en casi todas partes, menos en las habitaciones. Sin embargo, una de las características que más nos gustó, fue que la nave contaba con un área exclusiva para adultos llamada Serenity, que estaba fuera del acceso de personas menores de 16 años y que contaba con música suave e instrumental. En vista de que nuestro viaje era principalmente de descanso, esa fue el área donde preferimos quedarnos durante el día, siempre que no estuviéramos visitando alguno de los puertos caribeños.

A lo largo de nuestra estadía disfrutamos de la fusión de sabrosos lomitos, langosta, escargot y otras exquisiteces mediterráneas y asiáticas, junto con deliciosos postres; todo preparado con esmero en el restaurante del Gran Salón. Luego nos dejamos sorprender por los originales espectáculos musicales nocturnos que ofrecía el crucero. Durante el día visitamos St. Thomas, Barbados, St. Lucia, St. Kitts y St. Marteen. Hicimos turismo de playa, histórico, ecológico y de aventura, además de cervecero; distrajimos la mente y llenamos nuestras pieles de la luz y los brillantes colores que solo se encuentran en el Caribe. Y cada día, al regresar al barco, nos dejamos consentir por los jacuzzis del Serenity acompañadas de un refrescante mojito o una copa de vino blanco.

Y así, llegó el último día. Arribamos de nuevo a San Juan. Araceli y yo bajamos a desayunar temprano al Gran Salón y nos sentaron a una mesa amplia junto a otros pasajeros que tampoco se conocían entre sí. Todos eran estadounidenses, y enseguida se dieron cuenta de que Araceli y yo nos comunicábamos discretamente en español. Después de ordenar jugo de toronja, café, un bagel con salmón, queso crema y ensalada, comenzamos a charlar con los demás comensales. Hacia la punta de la mesa había una pareja de mediana edad que venía de Texas; ella maestra y él ingeniero. Frente a mí se sentaba un médico muy elegante, algo mayor, con su madre y su esposa. Araceli estaba a mi derecha.

Como era de esperarse, los demás nos hicieron un sinfín de preguntas sobre nuestras familias, nuestros trabajos y nuestros países, a las que correspondimos también con el mismo interés, lo que hizo que la conversación se fuese animando cada vez más. El mesero trajo las bebidas y me dispuse a ponerle azúcar al café. Entonces, en medio de un comentario gracioso que le hacía a la esposa del médico, tomé la bolsita de azúcar morena por un extremo y la azoté con el dedo medio de la otra mano, para que el azúcar bajara al fondo. La mala suerte quiso que la bolsita se desprendiera de mis dedos y volara directamente a la cara del médico, golpeándolo en la mejilla y aterrizando en el plato. ¡Dios, qué vergüenza! Me disculpé mil veces con tan elegante señor, aunque por dentro no aguantaba la risa. Las otras personas en la mesa —incluyendo el afectado, después de recuperarse de la sorpresa— se rieron, y a mí solo se me ocurrió comentar que la bolsita “estaba viva”, después de lo cual volví a disculparme una vez más. Araceli solo me miraba con los ojos muy abiertos y una sonrisa que le abarcaba todo el rostro.

Claro que me llevé la bolsita de azúcar de recuerdo. Entonces, después de terminar de desayunar, charlar y reír, Araceli y yo fuimos a la cubierta principal a esperar nuestro turno para desembarcar.

Nosotras fuimos al Caribe en un crucero. Y ustedes, ¿cuándo?




  



sábado, 12 de mayo de 2018

Y NOS FUIMOS A PUERTO VALLARTA


En la costa norte del estado de Jalisco, en México, está este puerto turístico de impresionante belleza. Después de una intensa semana de trabajo para Paty en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2016 y también para mí, con los asuntos propios de una escuela, nos regalamos unos días de descanso y decidimos hacerlo en un complejo turístico para adultos situado frente al mar. Queríamos disfrutar de una merecida pausa, sin tener que ocuparnos del cuidado de la familia ni de responsabilidades del hogar y mucho menos de trabajo; así que hicimos una reservación con todo incluido.

Al llegar, los empleados del hotel nos recibieron con calidez y cortesía, haciéndonos sentir entre amigos en medio de un ambiente de fiesta. Nos deleitamos con los restaurantes, los bares, la alberca y la diversión; todo enmarcado por el mar y el sol, que nos regalaron unos atardeceres increíbles.

Una noche fuimos a la terraza del hotel, donde hay dos jacuzzis con agua caliente, burbujeante y relajante. En la explanada todo estaba lleno de luz y sonido, la gente alegre, la tina del jacuzzi iluminada y cambiando de colores; rosa, verde, morado, azul. Todos bailaban al compás de la música, desde el Noa Noa de Juan Gabriel, pasando por Boogie Wonderland de Earth, Wind & Fire, hasta Donna Summer con su Last Dance, y mucho más.

En el jacuzzi había tres personas, que justo se levantaron para salir cuando nos acercamos. Entramos al agua caliente. El efecto del hidromasaje era muy relajante, y más cuando se combinó con el mojito que habíamos ordenado. De pronto sonaron las primeras notas de… “cuando quieras tú... divertirte más... y bailar sin fin…” y yo, hechizada por el ambiente y la sensación de libertad, bajo el influjo del jacuzzi nocturno, comencé a bailar y cantar, y pensé: “al cabo aquí nadie me conoce...”. Paty me miraba divertida, como pensando: “¿y a esta qué le pasa?”.

Poco después, llegó un chico de unos 19 años, embriagado y no precisamente de alegría. Se acomodó en la esquina de la tina, apoyándose con los brazos en el borde para no hundirse, y se relajó tanto que se quedó dormido. Así, en medio de aquel hotel para adultos, Paty y yo tuvimos que cuidar a un niño grande para que no se hundiera y se ahogara. Definitivamente, el instinto materno no tiene vacaciones...

Pasado un buen rato, solicitamos que el personal del hotel se hiciera cargo del asunto para así seguir con la fiesta.

A la mañana siguiente nos cruzamos en el pasillo con el mismo chico, que se veía algo trasnochado. No nos reconoció, y sospecho que tampoco supo que le salvamos la vida...

Nosotras fuimos a Puerto Vallarta. Y ustedes, ¿cuándo?







jueves, 3 de mayo de 2018

Y NOS FUIMOS AL POET’S PASSAGE EN EL VIEJO SAN JUAN

             
Era abril de 2011 y Araceli decidió visitar Puerto Rico. Me hice a la tarea de mostrarle algunas de las cosas que hacen tan especial a esta noble tierra borinqueña. El bosque del Yunque, las playas de Fajardo, la playa de Condado de noche, Mar Chiquita, los Baños de Coamo y tantos otros sitios mágicos de esta bien llamada Isla del Encanto.

Claro que no podía faltar el lechón en Guavate, una tripleta en El Churry en Isla Verde y una cerveza artesanal con frituritas criollas en Old Harbor Brewery, en el Viejo San Juan; todo ello como puntos obligados y necesarios durante alguno de los paseos que hicimos en su vacación en la más pequeña de las Antillas Mayores.

El martes, después de visitar durante el día los baños termales en Coamo, donde disfrutamos unas merecidas horas de relajación en las piscinas de aguas minerales y sanadoras, decidimos visitar el Poet’s Passage en el Viejo San Juan.

El Poet’s Passage es una tienda de regalos y recuerdos en la que todo gira alrededor de la poesía. Su propietaria, Lady Lee Andrews, es una poeta estadounidense que lleva muchos años en Puerto Rico y convierte sus poemas en hermosos objetos que sirven de decoración en general y como remembranza de Borinquen para quienes visitan la isla. Lady Lee también es gestora cultural; desde hace varios años lleva a cabo las noches de “Poesía en Vivo” todos los martes. Al fondo de la tienda se encuentra el espacio acondicionado para sentarse cómodamente y compartir versos propios o ajenos, música o cualquier tipo de literatura. Cada martes a partir de las 7:00 p.m. y hasta las 12:00 a.m., la sala se llena de poetas, amigos y curiosos que buscan pasar un rato distinto oyendo poemas o participando en el micrófono abierto con la que sea su actividad creadora.

Esa noche disfrutamos de una velada de lírica, nos emocionamos con las letras de poetas puertorriqueños y visitantes, y continuamos el ciclo de relajación que habíamos comenzado durante el día en Coamo. Fue un rato delicioso, lleno de belleza y arte. Felices, antes de irnos, también compartimos algo de poesía con los demás asistentes.

Nosotras fuimos al Poet’s Passage en el Viejo San Juan. Y ustedes, ¿cuándo?